La obesidad es una enfermedad crónica y común que consiste en un exceso de grasa corporal. Por lo general se identifica con un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más, y afecta a más del 40 % de los adultos en Estados Unidos. La obesidad no es un asunto de fuerza de voluntad: es una enfermedad compleja en la que influyen la herencia, las hormonas, los medicamentos y el entorno, y tiene tratamiento. Como otras enfermedades crónicas, tiende a mejorar y a volver, por eso el acompañamiento médico continuo funciona mejor que las dietas de corto plazo. Bajar incluso entre un 5 % y un 10 % del peso mejora de forma importante la presión arterial, el azúcar y el colesterol.
Causas y factores de riesgo
Se sube de peso cuando el cuerpo guarda más energía de la que usa, pero muchas cosas influyen en ese equilibrio:
- Desequilibrio de energía: comer de forma constante más calorías de las que se gastan, aunque lo que causa ese desequilibrio cambia mucho de una persona a otra.
- Herencia: el peso y la forma en que se reparte la grasa se heredan en gran medida.
- Enfermedades: la tiroides lenta (hipotiroidismo), el síndrome de ovario poliquístico y otros trastornos hormonales pueden favorecer el aumento de peso.
- Medicamentos: algunos antidepresivos, esteroides, la insulina y ciertos medicamentos para las convulsiones se asocian con subir de peso.
- Sueño y estrés: dormir poco y el estrés crónico alteran las hormonas del apetito y aumentan los antojos.
- Entorno y hábitos: alimentos con muchas calorías, porciones grandes y trabajo y tiempo libre sedentarios.
Riesgos para la salud
El exceso de grasa es metabólicamente activo y afecta a casi todos los órganos. Bajar aunque sea un poco de peso reduce el riesgo de casi todas estas enfermedades:
- Diabetes tipo 2: la obesidad es el factor de riesgo modificable más fuerte para la diabetes.
- Enfermedades del corazón y de los vasos sanguíneos: la presión arterial alta, el colesterol alterado, los infartos y los derrames cerebrales son más comunes.
- Hígado graso: la grasa en el hígado puede avanzar a inflamación y cicatrización (enfermedad del hígado graso).
- Apnea del sueño: las pausas en la respiración al dormir causan cansancio de día y sobrecargan el corazón.
- Enfermedad de las articulaciones: el peso extra sobre las rodillas y las caderas acelera la artrosis.
- Algunos tipos de cáncer: la obesidad aumenta el riesgo de varios cánceres, entre ellos el de colon y el de útero.
Diagnóstico
El diagnóstico empieza con el IMC: de 25 a 29.9 se considera sobrepeso, y de 30 o más, obesidad. El IMC es una herramienta de detección, no una medida perfecta de la salud. Una buena evaluación va más allá: la medida de la cintura, la presión arterial, el azúcar, el colesterol, la tiroides y una revisión de los medicamentos y del sueño. Muchas de estas pruebas se hacen en nuestro laboratorio del consultorio. El objetivo es entender por qué cambió el peso y qué problemas de salud ya existen, para dirigir el tratamiento.
Tratamiento
Un tratamiento eficaz es de largo plazo y suele combinar varias estrategias:
- Cambios en la alimentación: una forma de comer con menos calorías que pueda mantener importa más que cualquier dieta con nombre propio.
- Actividad física: alrededor de 150 minutos por semana de actividad moderada, más ejercicios de fuerza, ayuda a no recuperar el peso.
- Apoyo para cambiar hábitos: el seguimiento regular, registrar lo que come y ponerse metas realistas mejoran los resultados.
- Medicamentos: los agonistas del receptor de GLP-1, como la semaglutida (en inglés) y la liraglutida, reducen el apetito y logran una pérdida de peso importante; a veces se usa la metformina cuando hay mucha resistencia a la insulina.
- Cirugía bariátrica: en la obesidad grave, es el tratamiento más eficaz y duradero, y puede lograr la remisión de la diabetes tipo 2.
Recuperar peso después de bajarlo es común y refleja la biología del cuerpo, no un fracaso personal. El tratamiento se ajusta con el tiempo, igual que se hace con la presión o la diabetes. No hay un solo camino correcto: el mejor plan es el que usted puede mantener.
Cómo lograr que el tratamiento funcione a largo plazo
La obesidad se trata como cualquier enfermedad crónica: con un plan que se mide, se ajusta y se mantiene, no con una dieta que se termina.
Cómo funciona el tratamiento con GLP-1
La semaglutida y la liraglutida se empiezan con una dosis baja que se sube por etapas durante varios meses. La mayoría de las náuseas aparece en la semana después de cada aumento; comer porciones pequeñas, parar al sentirse lleno y evitar la comida grasosa ayuda a la mayoría. La tirzepatida, que actúa sobre dos hormonas intestinales, logra en promedio una pérdida de peso algo mayor. El peso baja más rápido en los primeros seis meses y luego se estabiliza en un nuevo nivel: esa meseta significa que el tratamiento funciona, no que falla. Al dejarlo, la mayoría de las personas recupera casi todo el peso en un año, por eso se planea como un tratamiento continuo. Use solo productos aprobados por la FDA y surtidos en una farmacia.
Quién puede recibir medicamentos
Los medicamentos de receta para bajar de peso están indicados con un IMC de 30, o de 27 si hay una enfermedad relacionada con el peso, como la presión alta o la prediabetes. La metformina logra una pérdida moderada y conviene a personas con resistencia a la insulina. Hay otras opciones más antiguas que le funcionan mejor a algunas personas; su médico le explicará cuál es adecuada para usted.
Proteja el músculo mientras baja de peso
Una parte importante del peso que se pierde con cualquier programa es músculo, si no se protege, y perder músculo después de los 60 años puede causar debilidad en lugar de mejor salud. Comer proteína en cada comida y hacer ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana conserva la mayor parte. En el verano de Florida, camine temprano, tarde o a la sombra.
Enfermedades que acompañan y medicamentos que suben de peso
Desde el principio se buscan la apnea del sueño, el hígado graso y el síndrome metabólico, porque cada uno mejora al bajar de peso y, sin tratamiento, lo dificulta. También se revisan los medicamentos: algunos antidepresivos, antipsicóticos, la insulina, las sulfonilureas, los betabloqueadores y los esteroides favorecen el aumento de peso, y a menudo existe una alternativa que no lo hace. Se revisa la tiroides, aunque rara vez es la única explicación.
Cuándo la cirugía es la herramienta adecuada
La cirugía bariátrica se considera con un IMC de 35 o más, y con niveles menores cuando la diabetes tipo 2 u otra enfermedad metabólica está mal controlada. Sigue siendo el tratamiento más duradero para la obesidad grave, y es una opción que se considera junto con los medicamentos, no un último recurso.
Para más información en español, consulte MedlinePlus: Obesidad y la guía del NIDDK sobre el control del peso.
Si ha bajado y vuelto a subir el mismo peso más de una vez, pida una cita con nuestro equipo de atención primaria: el plan necesita otra estructura, no más esfuerzo. Le atendemos en español.