La apnea obstructiva del sueño es un trastorno común en el que los músculos de la garganta se relajan al dormir y bloquean una y otra vez las vías respiratorias, de modo que la respiración se detiene y vuelve a empezar muchas veces cada noche. Afecta a millones de adultos en Estados Unidos, y muchos no lo saben. Sin tratamiento, la apnea sobrecarga el corazón y aumenta el riesgo de presión alta, fibrilación auricular y derrame cerebral, además de accidentes por manejar con sueño.
Causas y factores de riesgo
Al dormir, los tejidos blandos de la parte de atrás de la garganta pueden colapsar y estrechar o cerrar el paso del aire. Esto es más probable con:
- El exceso de peso: la grasa alrededor de las vías respiratorias es el factor de riesgo más importante en los adultos (vea obesidad).
- La anatomía: un cuello grueso, amígdalas grandes, una lengua grande, una mandíbula pequeña o hacia atrás, o la nariz tapada crónicamente.
- La edad y el sexo: es más común con la edad y en los hombres, aunque en las mujeres el riesgo sube después de la menopausia.
- El alcohol y los sedantes: relajan los músculos de la garganta, sobre todo cerca de la hora de dormir.
- Fumar y los antecedentes familiares.
Síntomas
Muchas personas se enteran de sus síntomas por su pareja. Las señales más comunes son:
- Ronquidos fuertes y constantes, a menudo con pausas en silencio seguidas de jadeos o sensación de ahogo.
- Mucho sueño durante el día: quedarse dormido al leer, ver televisión o manejar, aunque haya pasado toda la noche en la cama.
- Dolor de cabeza y boca seca al despertar.
- Problemas de concentración, irritabilidad o bajo ánimo.
- Orinar varias veces durante la noche.
Diagnóstico
El diagnóstico se hace con un estudio del sueño, ya sea en casa o durante una noche en un laboratorio del sueño. Estas pruebas cuentan cuántas veces por hora la respiración se detiene o se vuelve superficial y miden cuánto baja el oxígeno en la sangre. Su médico también revisará su presión arterial, su corazón y sus medicamentos, porque la apnea sin tratar dificulta el control de enfermedades como la diabetes y la hipertensión. Algunos análisis se pueden hacer en nuestro laboratorio del consultorio.
Tratamiento
- CPAP: un aparato de presión positiva continua que, a través de una pequeña mascarilla, mantiene abiertas las vías respiratorias. Es el tratamiento más eficaz para la apnea moderada o grave.
- Aparatos dentales: dispositivos hechos a la medida que adelantan la mandíbula; ayudan en la apnea leve o moderada o en quien no tolera el CPAP.
- Bajar de peso y cambios de hábitos: perder incluso un 10 % del peso, evitar el alcohol antes de dormir y dormir de lado reducen la gravedad.
- Medicamentos para el sueño de día: para quien sigue con sueño a pesar de usar bien el CPAP, como el solriamfetol, el modafinilo o el armodafinilo.
- Cirugía o un estimulador de nervio implantado: opciones para algunos pacientes cuando lo demás no funciona.
Su médico decide qué tratamiento es adecuado para usted.
Complicaciones
Cada pausa en la respiración baja el oxígeno por un momento y sacude el cuerpo con hormonas del estrés, cientos de veces por noche. Con los años, esto contribuye a la presión alta difícil de controlar, los problemas del ritmo del corazón, la insuficiencia cardíaca, el peor control del azúcar, los problemas de memoria y la depresión. El sueño durante el día aproximadamente duplica el riesgo de accidentes de tránsito. La buena noticia: usar el CPAP con constancia mejora la presión, el ánimo y el estado de alerta en pocas semanas en la mayoría de las personas.
Cómo lograr que el tratamiento funcione
La apnea del sueño es fácil de diagnosticar y, en la mayoría de las personas, se trata bien; sin embargo, muchas personas diagnosticadas abandonan el tratamiento en el primer año. Casi todo ese abandono se puede evitar con una buena preparación en el primer mes y un plan claro por si el primer intento no funciona.
Hacerse el estudio es más fácil que antes
Un estudio del sueño en casa, usado una noche, responde la pregunta en la mayoría de los adultos. El resultado es el índice de apnea-hipopnea: menos de cinco eventos por hora es normal; de cinco a quince, apnea leve; de quince a treinta, moderada; y más de treinta, grave.
El primer mes con el CPAP lo decide todo
El ajuste de la mascarilla, la humidificación con calor y una subida gradual de la presión al acostarse resuelven la mayoría de los problemas iniciales, y pedir otro estilo de mascarilla es normal. La cobertura del seguro suele depender de usar el aparato al menos cuatro horas por noche en el 70 % de las noches durante los primeros tres meses, y el aparato registra ese dato; por eso vale la pena insistir en un seguimiento temprano para arreglar fugas y molestias.
Cuando el CPAP no es la respuesta
Un aparato dental a la medida trata bien la apnea leve o moderada y conviene a quien viaja o no tolera la mascarilla. La terapia de posición ayuda cuando las pausas ocurren sobre todo al dormir boca arriba. Un estimulador implantado que mueve la lengua al dormir es una opción para la apnea moderada o grave en pacientes seleccionados. Bajar de peso reduce mucho la gravedad, y en personas con obesidad hay un medicamento basado en GLP-1 aprobado específicamente para la apnea del sueño.
Cirugías, sedantes y alcohol
Avise al anestesiólogo que tiene apnea antes de un procedimiento, lleve su CPAP al hospital, y evite las pastillas para dormir, las benzodiacepinas y el alcohol en la noche, que relajan la garganta y empeoran las pausas. El insomnio y la apnea a menudo van juntos, y por lo general hay que tratar primero la apnea.
Para más información en español, consulte MedlinePlus: Apnea del sueño y la guía del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (NHLBI).
Si ronca fuerte, despierta cansado o lucha contra el sueño durante el día, o le diagnosticaron apnea y dejó de usar el CPAP, pida una cita con su médico de atención primaria: hoy hay más opciones que hace unos años. Le atendemos en español.