El COVID-19 es una infección respiratoria causada por el virus SARS-CoV-2. Hoy, en la mayoría de las personas causa una enfermedad leve o moderada, pero todavía puede llevar a neumonía, hospitalización y muerte, sobre todo en adultos mayores y en personas con enfermedades crónicas. Algunas personas desarrollan COVID prolongado: un conjunto de síntomas que duran semanas o meses después de que pasa la infección.
Síntomas
Los síntomas suelen aparecer entre dos y catorce días después de la exposición y varían mucho:
- Fiebre, escalofríos y dolores del cuerpo: parecidos a los de la gripe.
- Tos, dolor de garganta y congestión, a menudo con la nariz que moquea.
- Falta de aire: una señal de alarma de que la infección puede estar afectando los pulmones.
- Pérdida del gusto o del olfato: menos común que al principio de la pandemia, pero todavía ocurre.
- Cansancio, dolor de cabeza y malestar digestivo: algunas personas tienen náuseas o diarrea.
COVID prolongado
Se llama COVID prolongado a los síntomas que duran más de unos tres meses después de la infección. Los más comunes son un cansancio persistente que empeora después del esfuerzo, "niebla mental" con problemas de concentración y memoria, falta de aire, palpitaciones, mareo al ponerse de pie, problemas para dormir y cambios en el estado de ánimo. Los síntomas pueden subir y bajar, y a veces se acompañan de ansiedad o depresión; evaluar afecciones como el trastorno de ansiedad generalizada a veces es parte de la atención. El COVID prolongado puede aparecer incluso después de una infección leve, y la mayoría de las personas mejora poco a poco.
Diagnóstico
Las pruebas rápidas de antígeno en casa y las pruebas PCR de laboratorio detectan una infección activa. Una prueba casera negativa al principio de la enfermedad no la descarta por completo, así que a veces se aconseja repetirla uno o dos días después. No existe una sola prueba para el COVID prolongado: se diagnostica revisando los síntomas y descartando otras causas, como la anemia, la tiroides o problemas del corazón o los pulmones, con análisis de sangre en nuestro laboratorio del consultorio y, si hace falta, estudios de imagen o pruebas de respiración. Una evaluación completa tranquiliza a muchos pacientes al confirmar que no hay daño en los órganos.
Tratamiento
La mayoría de las infecciones de COVID-19 se manejan en casa con descanso, líquidos y medicamentos para bajar la fiebre. Para las personas con mayor riesgo de enfermedad grave, como los adultos mayores de 65 años o con diabetes, EPOC, enfermedad del corazón o defensas bajas, el antiviral oral nirmatrelvir con ritonavir (Paxlovid) puede reducir el riesgo de hospitalización si se empieza en los primeros cinco días de síntomas. El tratamiento del COVID prolongado se enfoca en cada síntoma: volver a la actividad de forma gradual, ejercicios de respiración, apoyo para dormir y tratar los problemas del corazón, los pulmones o el ánimo que se encuentren. La recuperación suele ser gradual, y es común tener recaídas después de esforzarse demasiado.
Prevención
Mantenerse al día con las vacunas recomendadas contra el COVID-19 sigue siendo la forma más eficaz de prevenir la enfermedad grave, y también reduce el riesgo de COVID prolongado. Ventilar bien los espacios cerrados, lavarse las manos y quedarse en casa si está enfermo protegen a los demás. Si se expone o se enferma, hacerse la prueba temprano es lo que más importa para quienes podrían recibir un antiviral.
Cuándo buscar atención de inmediato
Llame al 911 o busque atención de emergencia si tiene dificultad para respirar, dolor o presión constante en el pecho, confusión nueva, no puede mantenerse despierto, o tiene los labios o la piel pálidos, grises o azulados.
Cómo manejar el COVID-19 en casa y recuperarse del COVID prolongado
Las decisiones que importan se toman en los primeros días: si usted puede recibir un antiviral, qué hay que suspender para tomarlo con seguridad y qué síntomas significan que la enfermedad ya no es leve.
Paxlovid: primero se revisan las interacciones
Paxlovid solo funciona si se empieza en los primeros cinco días de síntomas; por eso la prueba temprana es lo que hace posible el tratamiento. El ritonavir que contiene sube los niveles de muchos medicamentos comunes, así que la receta empieza revisando su lista: la simvastatina y la lovastatina se suspenden durante el tratamiento, los anticoagulantes como el rivaroxabán y el apixabán pueden necesitar ajuste, y algunos medicamentos del ritmo cardíaco y de trasplante no se pueden combinar. Es normal sentir un sabor metálico. Si vuelven síntomas leves una semana después de terminar (el llamado rebote), suelen quitarse solos.
Qué vigilar en casa
Un oxímetro de dedo es lo más útil durante la enfermedad, porque el oxígeno puede bajar antes de que la falta de aire sea evidente, sobre todo en los adultos mayores. Una lectura que sigue bajando, o que se queda en los noventa bajos en reposo, es razón para llamar ese mismo día, igual que el dolor en el pecho, la confusión o no poder retener líquidos. Quédese en casa hasta llevar un día completo sin fiebre sin medicamentos y con los síntomas mejorando; después, use mascarilla y mantenga distancia varios días más.
En el COVID prolongado, dosificar el esfuerzo, no forzarse
Lo característico del cansancio del COVID prolongado es que los síntomas empeoran uno o dos días después del esfuerzo. El ejercicio que ignora esa recaída empeora a las personas. Dosificar el esfuerzo significa encontrar el nivel de actividad que no la provoca, mantenerlo por semanas y luego subir en pasos pequeños. El corazón acelerado y el mareo al ponerse de pie suelen deberse a un patrón de taquicardia postural, que mejora con líquidos, sal, medias de compresión y ejercicio acostado; el calor de Florida lo empeora.
Con qué se confunde el COVID prolongado
Antes de poner la etiqueta se buscan la anemia, el hipotiroidismo, la apnea del sueño y la depresión. La falta de aire nueva o que empeora meses después de la infección se estudia con pruebas de función pulmonar.
La vacuna y la próxima infección
Cada infección trae una nueva posibilidad de COVID prolongado, y la vacuna actualizada es la forma más confiable de reducir ese riesgo. La vacuna suele posponerse unos tres meses después de una infección.
Para más información en español, consulte MedlinePlus: COVID-19 y MedlinePlus: Vacunas contra el COVID-19.
Si dio positivo y toma una estatina o un anticoagulante, o sus síntomas no se han quitado tres meses después de la infección, pida una cita con su médico de atención primaria. Le atendemos en español.